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La Hoja de Ruta Constitucional de Chile; un Modelo para una Irlanda Unida.

PD
Paul Dixon
Chile funcionó bajo su Constitución de 1925 hasta su suspensión luego del Golpe de Pinochet de 1973. En 1980 la Dictadura promulgó una nueva Constitución que pedía a la Junta de Gobierno seleccionar un candidato (que era, por supuesto, Pinochet) para un plebiscito que se celebraría en 1988. El voto en contrario ganó el plebiscito y esto significó elecciones presidenciales y parlamentarias. Las elecciones serían en diciembre de 1989. Mientras tanto, hubo negociaciones entre la dictadura y los grupos de oposición para ponerse de acuerdo sobre la estructura del nuevo gobierno y estas fueron aprobadas en un plebiscito el 30 de julio de 1989. Es importante destacar que la dictadura logró insertar una disposición que regía las leyes de las fuerzas armadas por una ley constitucional orgánica que dificultaba mucho la reforma de dicha ley.

En el ínterin, se han realizado en su mayoría enmiendas menores a la Constitución de 1989, pero debido a unas protestas populares, el gobierno de Sébastien Piñera acordó un referéndum para reemplazar la Constitución de la era militar, que tuvo lugar en octubre de 2020. Una gran mayoría (78%) votó a favor de reemplazar la Constitución existente que será redactada por un cuerpo de 155 personas elegidas por votación popular en abril de 2021. Ese órgano debe someter el proyecto de nueva Constitución a la aprobación de un segundo referéndum en 2022.

La República de Irlanda funciona de acuerdo con su Constitución de 1937, modificada por referendos de vez en cuando. Se podría argumentar que la República necesita una nueva Constitución para reformar muchos de los temas que están frenando al país. Una nueva Constitución podría eliminar muchos de los obstáculos al crecimiento y la equidad social mediante la reforma del sistema electoral, los derechos de propiedad, el papel de los tribunales en la compensación de seguros, etc. remplazar el sistema de gobierno actual de 'patea la lata por el camino' por una nueva era de resolucion de problemas. Pero, en circunstancias normales, las perspectivas de un referéndum sobre una nueva Constitución son prácticamente nulas.

Sin embargo, con una votación sobre una Irlanda Unida al horizonte, donde una nueva Constitución sería muy deseable, si no inevitable, existe una excelente oportunidad para tomar una hoja del libro chileno e inaugurar el proceso con un Referéndum en dos etapas. El primer Referéndum sería lo de acordar el principio de redactar una nueva Constitución. El electorado luego votaría por un cuerpo de individuos para redactar la Constitución y luego el segundo Referéndum votaría para aprobarla.

No todas estas votaciones pueden tener lugar antes de que se haya acordado una Irlanda unida, pero esa no es razón para no comenzar el proceso ahora. Si esperamos y simplemente ocurre una Irlanda Unida, terminaremos colocando los seis condados del norte con los veintiséis de la Republica en una operación fallida que casi con certeza garantizaría el peor resultado posible.

Sugiero que la votación para redactar una nueva Constitución se realice en la República lo antes posible. La votación para elegir a los redactores también podría tener lugar en la República con una votación voluntaria en el Norte (a la que probablemente solo asistirá un de las comunidades allí). Este organismo podría entonces ponerse a trabajar y si se acuerda una Irlanda Unida, habrá un proceso constitucional en vigor y el Norte podría elegir a sus miembros formales (en lugar de voluntarios). A este organismo se le daría entonces un cronograma para terminar su redacción y someter la nueva Constitución a un referéndum de los treinta y dos condados.

Se podría argumentar que todo esto podría esperar hasta que una Irlanda Unida haya sido aprobada por una votación en el Norte, lo cual podria occurir dentro de varios años. La primera objeción a la espera es que nunca se sabe cuándo ocurrirá esto. El colapso del comunismo en Europa del Este fue repentino e inesperado. No está claro qué factores de tiempo operarían después de un referéndum en el Norte. Gran Bretaña podría simplemente anunciar una fecha y marcharse. La otra objeción es que si esperamos hasta después de un referéndum en el Norte, el proceso constitucional se centrará casi con certeza exclusivamente en arreglos especiales para el Norte y se perderá una oportunidad única en la vida para reformas constitucionales más generales que, dicho sea de paso, son una condición
sina qua non
para que la República pueda pagar el coste de la Unificación.
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