Bowlby: Conductas de Apego, Sistemas Conductuales y Modelos Operativos Internos
La conducta de apego es un comportamiento innato con una base biológica que busca la proximidad con una figura de apego para obtener seguridad y consuelo, especialmente en situaciones de miedo o alarma. Bowlby refutó la teoría del impulso secundario, que sostenía que el apego se desarrollaba únicamente por la satisfacción de necesidades básicas como el alimento. Experimentos con animales demostraron que las crías se apegan a figuras que les ofrecen consuelo o seguridad, incluso si no proveen alimento o si su interacción es dolorosa.
Sistemas Conductuales
Según Bowlby, el apego se enmarca en un sistema de control que coexiste con otros sistemas conductuales, como el sistema exploratorio y el de cuidados4. El sistema de apego se activa en momentos de estrés o amenaza, impulsando al niño a buscar la proximidad de su cuidador. Una vez que el niño se siente seguro, el sistema de apego se desactiva y se activa el sistema exploratorio, permitiéndole investigar su entorno.
Modelos Operativos Internos (MOI)
Los Modelos Operativos Internos son representaciones mentales que el niño construye a partir de sus experiencias de apego. Estos modelos incluyen una representación de sí mismo como digno o no de amor, y una representación de la figura de apego como disponible o no para dar consuelo. Los MOI influyen en cómo el niño percibe y regula sus emociones, así como en sus futuras relaciones.
Winnicott: Madre Suficientemente Buena y El Juego
La Madre Suficientemente Buena, Ilusión y Desilusión
Donald Winnicott sostiene que la madre suficientemente buena es aquella que se adapta casi por completo a las necesidades del bebé en sus inicios, permitiéndole la ilusión de omnipotencia. El bebé cree que sus deseos hacen aparecer lo que necesita. Con el tiempo, la madre introduce de forma gradual la desilusión, aumentando los tiempos de espera y frustrando al niño de manera dosificada11. Este proceso ayuda al infante a diferenciar entre su mundo interno y la realidad externa.
Objeto y Fenómeno Transicional
El objeto transicional es el primer objeto que no forma parte del "yo" del bebé13. Sirve como un sustituto de la madre para ayudar al niño a tolerar la ansiedad y la separación de la figura materna14141414. La relación con este objeto existe en un espacio intermedio de experiencia, donde el niño no necesita diferenciar si el objeto es una creación interna o algo real y externo.
El Juego
Para Winnicott, el juego se sitúa en esta misma área intermedia de experiencia16161616. El juego no es solo un pasatiempo, sino una actividad espontánea y creativa que permite al niño elaborar experiencias, desarrollar su subjetividad y afianzar la confianza en la realidad externa17171717. A través del juego, el niño transforma lo que ha vivido de manera pasiva en una experiencia activa18. El juego en sí mismo, más allá de su contenido, es un indicador de salud psíquica y la base de la vida cultural y creativa191919191919191919.
Piaget y Coriat: El Tono y los Reflejos en la Construcción de la Subjetividad
Piaget y el Periodo Sensoriomotor
Jean Piaget describe el período sensoriomotor como la etapa inicial del desarrollo, que va desde el nacimiento hasta aproximadamente los 18 meses, antes de la aparición del lenguaje. En este período, el bebé desarrolla una
inteligencia práctica a través de la percepción y el movimiento. Los reflejos y movimientos espontáneos evolucionan en esquemas de asimilación que le permiten al niño organizar la realidad. La inteligencia se desarrolla de forma progresiva a través de varios estadios, en los que el niño resuelve problemas de acción.
Coriat: El Tono y los Reflejos
Lydia Coriat, desde una perspectiva neurológica, complementa esta visión al enfatizar que el cuerpo, con su tono muscular y sus reflejos, es el primer vehículo de la vida psíquica. El tono muscular refleja el estado emocional del niño y su relación con el entorno, y las vivencias de tensión y relajación son fundamentales para la elaboración de la imagen corporal. Los reflejos, que son automatismos arcaicos, se elevan al nivel de la subjetividad a medida que el niño se apropia de ellos a través de la experiencia y la interacción con los cuidadores.
Organización de la Subjetividad
En este proceso, el niño va organizando categorías mentales como el yo y el no-yo, el adentro y el afuera, y el tiempo y el espacio. El desarrollo de la inteligencia sensoriomotora, con la construcción de la permanencia del objeto, es crucial para que el niño entienda que los objetos siguen existiendo aunque no los vea. De manera similar, la afectividad del niño se adhiere a estos "objetos permanentes" (que se convierten en personas), lo que constituye las relaciones objetales y permite al niño diferenciarse de su entorno. La maduración de los procesos biológicos (como la mielinización) está íntimamente ligada a la afectividad y las interacciones del niño con sus cuidadores.
Janin: Atraviesos Históricosociales en la Infancia
Silvia Janin sostiene que la constitución subjetiva no es un proceso meramente individual, sino que está profundamente influenciada por los contextos históricos y sociales. La autora critica la patologización de la infancia, que tiende a diagnosticar el sufrimiento de los niños como "trastornos" (como TDAH o TOD) sin considerar el contexto social que lo origina. Advierten sobre los peligros de los rótulos y los diagnósticos rápidos, ya que limitan la capacidad del niño para encontrar nuevas salidas y caminos.
Janin también aborda el impacto del neoliberalismo, un sistema que promueve el individualismo y la ruptura de los lazos sociales, lo que deja a los niños desprotegidos y les exige un funcionamiento "ideal, como si fueran máquinas de rendimiento". La autora argumenta que la medicalización en este contexto es un síntoma de una sociedad que no tolera la subjetividad.
El rol de los profesionales, como terapeutas y docentes, debe ser ético y político, centrándose en pensar al niño como un sujeto, oponiéndose a la patologización y a la naturalización de la exclusión social36. Janin enfatiza que la pobreza, la falta de recursos y la inseguridad son formas de violencia que dejan marcas en la infancia y no deben ser ignoradas37. La autora concluye con una propuesta de transformación: reemplazar la idea de productividad por la de creatividad y la de seguridad por la de cuidado, enfatizando que la salida al desamparo es colectiva y se basa en lazos solidarios.