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Apuntonto parcial

Estadios senso-motores

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GUÍA DE ESTUDIO PARA EL 1ER PARCIAL DE PSICOLOGÍA DE LAS INFANCIAS

Janin hablando sobre este cap del libro
Los atraviesamientos histórico-sociales: un marco para entender la infancia actual
El capítulo se centra en la idea de que la subjetividad de los niños y adolescentes no puede entenderse de forma aislada, sino que está "atravesada" por las condiciones sociales e históricas. Janin, desde una perspectiva psicoanalítica, critica la visión de que los problemas psicológicos son solo individuales y llama a considerar el impacto de factores externos como la precariedad, la tecnología y, sobre todo, la incertidumbre social.

El desamparo colectivo y sus efectos

La autora utiliza el concepto de desamparo colectivo para describir la sensación de inseguridad y falta de referencias estables que afecta a la sociedad en general y, de manera particular, a los más jóvenes. Este desamparo no es solo económico, sino también simbólico y emocional.
Puntos clave:
Pérdida de la "ficción de seguridad": La sociedad ya no puede ofrecer a sus miembros la ilusión de un futuro predecible y seguro.
Fragmentación de los lazos sociales: Los vínculos familiares y comunitarios se han debilitado, lo que deja a los niños y adolescentes sin redes de apoyo sólidas.
Consecuencias en el desarrollo psíquico: El desamparo colectivo afecta la capacidad de los jóvenes para construir una identidad, tolerar la frustración y simbolizar sus experiencias. La angustia y la ansiedad se vuelven más comunes.

Patologías de la época: un nuevo sintoma

Janin argumenta que las problemáticas de salud mental que observamos hoy en día en niños y adolescentes (como autolesiones, trastornos alimentarios, adicciones) no son meras patologías individuales. Son "síntomas de la época", es decir, manifestaciones del desamparo social que están internalizando.
Ejemplos y explicaciones:
Autolesiones: La autora las interpreta como un intento de transformar el dolor emocional en un dolor físico que puedan controlar. Es una forma de "actuar" la angustia que no pueden simbolizar.
Problemas en el lenguaje y la comunicación: La falta de un adulto que pueda sostener y nombrar las emociones de los niños puede llevar a dificultades en la simbolización, afectando el desarrollo del lenguaje.
Aislamiento y uso problemático de tecnologías: Ante un mundo percibido como hostil, muchos jóvenes se refugian en el mundo virtual, donde pueden construir una identidad a medida y escapar de la incertidumbre.

El rol de los adultos: la importancia de la función de sostén

Frente a este panorama, el capítulo subraya la responsabilidad de los adultos, tanto padres como profesionales (educadores, psicólogos), en la vida de los niños. La función principal del adulto no es solo proteger, sino actuar como un "sostén simbólico".
¿Qué implica esta función de sostén?
Ser un referente: Ofrecer un anclaje, una presencia que transmita seguridad y confianza, incluso en un entorno incierto.
Nombrar la realidad: Ayudar a los niños y adolescentes a ponerle palabras a lo que sienten, a simbolizar sus miedos y angustias.
Proveer un espacio de juego y creación: Fomentar actividades lúdicas que permitan a los jóvenes expresar sus emociones y construir su propio mundo interno.

1. Janin: Los atravesamientos histórico-sociales en las infancias y adolescencias en tiempos de incertidumbre y desamparo

Tema Central: El psicoanálisis del siglo XXI debe integrar lo social con el conflicto psíquico en un mundo "cambiante, complejo y caótico".
La constitución subjetiva no es solo individual, sino colectiva, influenciada por avatares históricos (consumo, inmediatez, pantallas).
El Impacto de la Pandemia (COVID-19):
Aislamiento y confinamiento: A diferencia de otras crisis, impidió la cercanía física, generando un "encierro endogámico" que llevó a tensiones familiares y violencia intrafamiliar.
Sufrimiento adulto y sus efectos en los niños: Adultos desbordados no pudieron procesar sus emociones ni ayudar a los niños a entender la situación. Esto afectó la capacidad de los niños para nombrar sus miedos y angustias y transformarlos en sentimientos.
Repercusiones en el desarrollo: Se observaron regresiones en el lenguaje y dificultades para establecer vínculos con otros niños.
Crítica a la Patologización y el Discurso Neoliberal:
Patologización de la infancia: Janin critica la tendencia a interpretar el sufrimiento de niños y adolescentes como "trastornos" (TDAH, TOD) sin considerar el contexto social.
Diagnósticos y rótulos: Advertencia sobre el peligro de diagnosticar rápidamente, lo que "encierra a los sujetos en rótulos" y anula su capacidad de encontrar nuevas salidas.
Impacto del neoliberalismo: Este sistema fomenta el individualismo y la ruptura de los lazos sociales, dejando a los niños desprotegidos. Exige un funcionamiento ideal ("máquinas de rendimiento"), alejándolos de la creatividad y la fantasía. La medicalización es vista como un síntoma de una sociedad que no tolera la subjetividad.
El Rol de los Profesionales (terapeutas y docentes):
Posicionamiento ético y político: La forma de abordar a un niño refleja la concepción de infancia del profesional. Es una posición ética y política pensar al otro como sujeto, respetando sus deseos y dificultades.
Lucha contra la exclusión: Deben oponerse a la patologización y a la naturalización de la exclusión social. La pobreza, la falta de recursos y la inseguridad son formas de violencia que marcan la infancia y no deben ser ignoradas.
El poder del acompañamiento: Los adultos pueden albergar el sufrimiento de los niños y ayudarlos a procesar situaciones traumáticas, transformando experiencias dolorosas en historias que puedan ser contadas.
Hacia un Futuro Diferente:
Propuesta de transformación: Reemplazar la idea de productividad por creatividad y la de seguridad por cuidado.
La salida al desamparo es colectiva, basada en lazos solidarios.
La constitución de la subjetividad se nutre de la colaboración y la esperanza.



4. Piaget: Nivel senso-motor y La función semiótica o simbólica

A. El Nivel Sensoriomotor (Aprox. 0-18 meses)
Inteligencia antes del lenguaje:
Etapa crucial en el desarrollo mental donde el bebé, sin lenguaje ni capacidad de representación simbólica, desarrolla un sistema de esquemas de asimilación.
Organiza la realidad a través de estructuras espaciotemporales y causales.
Es una inteligencia práctica, basada en percepciones y movimientos, que resuelve problemas de acción (ej. alcanzar objetos, encontrarlos escondidos).
Piaget se opone a la idea de la "asociación" como único mecanismo de aprendizaje, sugiriendo la asimilación donde los esquemas mentales se integran con nuevas experiencias.
Estadios de la inteligencia sensoriomotora (progresión continua):
Ejercicio de los reflejos: 0-1 Mes, el bebe entra en contacto con un objeto como un dedo cerca de la boca o el cachete, inmediatamente succionara por relfejo.
Reacciones Circulares primarias: 1-4 Mes, El bebe mueve los dedos, patea sus piernas y se chupa los pulgares. Estas ya no son aqcciones reflejas, sino que busca generar estimulacion agradable.
Reacciones Circulares secundarias: 4-10 Mes, El niño sacude su sonajero por el placer de escuchar el sonido que produce.
Coordinacion de Esquemas Secundarios: 10-12 Mes, El bebe no solo sacude el sonajero, sino que tratara de alcanzar y mover objetos que se puedan estar interponiendo en su camino hacia agarrar el sonajero.
Reacciones Circulares terciarias: 12-18 Mes, Mayor comprension de la permanencia de objeto. El niño apila bloques, puede colocar uno dento del otro. Busca nuevas soluciones.
Principio del pensamiento: 18-24 Mes, Hay Insight, puede pausar y elegir las acciones adecuadas para resolver situaciones. Puede combinar acciones de esquemas interiorizados para resolver situaciones nuevas.
La Construcción de la Realidad en este período:
Permanencia del objeto: El niño aprende que los objetos siguen existiendo aunque no los vea. Esta conservación está ligada a su localización en el espacio y es fundamental para organizar el espacio y el tiempo.
El espacio y el tiempo: Inicialmente, el niño no tiene un espacio único o un orden temporal global. La inteligencia sensoriomotora construye estas nociones, unificando los diferentes "espacios" (táctil, visual, etc.) en un espacio general.
La causalidad: En el estadio III, el niño solo percibe su propia acción como la única causa de los eventos (ej. su acción de "tirar" el cordón es la causa del movimiento). Esta causalidad inicial se denomina mágico-fenomenista y evoluciona hasta que el niño comprende que la causalidad es objetiva y ligada a relaciones físicas en el espacio.
Aspectos Cognoscitivos y Afectivos:
Lo cognoscitivo: La inteligencia procede de la acción, que transforma los objetos y la realidad. No es solo una copia de la realidad ni se origina únicamente en la percepción.
Lo afectivo: El desarrollo de la afectividad está ligado a la construcción de las estructuras cognoscitivas. Cuando el niño deja de relacionar todo con su propio estado y acción, su afectividad se adhiere a los "objetos permanentes" que se han convertido en personas, constituyéndose las "relaciones objetales". Al final del período, afectividad (energía) y cognoscitivo (forma) son indisociables.
B. La Función Semiótica o Simbólica (Aprox. 2º año de vida)
Concepto: Capacidad del niño para evocar un objeto o un acontecimiento ausente. Implica el uso de significantes diferenciados.
Antes de esta etapa, la inteligencia era sensoriomotora, basada en percepción y acción, y utilizaba solo "índices" (un aspecto o parte de un objeto).
Cinco Conductas que Manifiestan la Función Semiótica (surgen casi simultáneamente):
1. Imitación diferida: Imitación que comienza en ausencia del modelo. A diferencia de la imitación sensoriomotora (en presencia del modelo), esta implica un inicio de representación mental. El gesto del niño se convierte en un significante diferenciado, un "símbolo".
2. Juego simbólico o de ficción: No existe en el nivel sensoriomotor. Aparece cuando el niño utiliza gestos u objetos simbólicos para representar algo ausente (ej. simular que duerme, hacer dormir un oso de peluche).
3. El dibujo: Inicialmente, es un intermediario entre el juego simbólico y la imagen mental. Al principio, el dibujo no representa la totalidad de un objeto, sino lo visible desde un punto de vista particular; las partes ocultas no se dibujan.
4. Las imágenes mentales: No se encuentran en el nivel sensoriomotor y se manifiestan como una imitación interiorizada. Son un tipo de simbolismo imaginado relacionado con los mecanismos del pensamiento. Las del nivel preoperatorio son a menudo estáticas y no reproducen la deformación de la realidad.
Tipos de imágenes: reproductoras (evocan lo conocido) y anticipadoras (evocan movimientos o transformaciones; no aparecen antes del nivel operatorio, 7-8 años).
5. El lenguaje naciente: Permite la evocación verbal de eventos no actuales. Su aparición simultánea con otras formas semióticas sugiere que su adquisición no se debe solo al condicionamiento, sino a la existencia previa de estas formas individuales de semiosis.
Imitación y la construcción de significantes: La imitación es crucial porque actúa como puente entre el nivel sensoriomotor y el de las conductas representativas. Es una "representación en actos materiales" a través de la cual el niño construye los significantes diferenciados para la función semiótica.
Las imágenes mentales y la memoria:
Las imágenes mentales son imitaciones interiorizadas.
La memoria, para Piaget, no es una mera conservación pasiva del pasado. El recuerdo de un evento es una reconstitución que se apoya en los esquemas de acción y se relaciona con las imágenes mentales.

5. Coriat: Las bases neurológicas de la maduración psicomotriz


Maduración como Proceso Neurológico y Psíquico:
Coriat enfatiza la distinción entre:
Maduración: Procesos biológicos y neurológicos (ej. mielinización de fibras nerviosas) que habilitan nuevas funciones.
Desarrollo: Concepto más amplio que integra los procesos neurológicos con las interacciones del niño con su entorno y la dimensión afectiva.
Crítica a tests estandarizados: Critica los tests que se basan en la cronología del desarrollo motor sin considerar la variabilidad individual. Propone una observación clínica minuciosa que tome en cuenta el estado de alerta del bebé, el momento del día y su estado emocional.
El Cuerpo: Tono, Reflejos y Psiquismo:
Para Coriat, el cuerpo no es solo una estructura biológica, sino el primer vehículo de la vida psíquica. Insiste en la necesidad de "saltar tempranamente el marco organicista" para valorar la dimensión psíquica del niño.
Tono Muscular: Es la base de la vida psicomotriz, un estado de tensión que refleja el estado emocional del niño y su relación con el entorno. Las vivencias de tensión y relajación son fundamentales para la elaboración de la imagen corporal.
Reflejos: Automatismos arcaicos que con el tiempo se elevan al nivel de la subjetividad a través de la experiencia (ej. el reflejo de prensión evoluciona de automatismo a acción consciente cuando el niño se apropia de su mano).
Vivencias del bebé: Mediadas por los cuidadores, son esenciales para la construcción de su psiquismo. La interpretación y el significado que los adultos dan a los movimientos y sensaciones del bebé a través del "baño de palabras" son cruciales.
Esquema Corporal e Imagen del Cuerpo (distinción clave):
Esquema Corporal: Una representación mental neurofuncional del cuerpo, formada por la integración de información sensorial (tacto, equilibrio). Permite al individuo saber dónde están las partes de su cuerpo en el espacio.
Imagen del Cuerpo: Una construcción simbólica y fantasmática que se forma en la relación con el otro, mediada por la afectividad. Un niño puede tener un esquema corporal intacto (saber dónde está su mano) pero una imagen del cuerpo fragmentada si ha experimentado un vínculo afectivo deficiente.
La Relación entre Maduración y Afecto:
La maduración no es un proceso autónomo, sino que está íntimamente ligada a la afectividad.
Un aparente "retraso motor" puede tener una "raigambre emocional". (Ej. la capacidad del niño para entregar un objeto depende de haber recibido afecto y seguridad).
Estadio del Espejo de Lacan:
Coriat lo incorpora como un momento crucial en el que el niño, al reconocerse en el espejo, comienza a formarse una imagen de sí mismo como un todo unificado.
Este reconocimiento es el inicio de la individualidad, pero también puede generar angustia, ya que el niño se da cuenta de que no es uno con su madre y que existe un "no-yo".

6. Bowlby: Naturaleza y función de la conducta de apego

Crítica a la Teoría del Impulso Secundario:
Esta teoría (sostenida por el psicoanálisis y el conductismo de la época) proponía que el gusto por la compañía de otros surge de la satisfacción de necesidades biológicas como el alimento.
Bowlby refuta esta idea basándose en experimentos con animales.
Crítica a través de Experimentos (Demostrando que el apego no se desarrolla por asociación con la alimentación):
Experimentos con aves (Lorenz): Investigaciones sobre la impronta en gansos y patos. Las crías desarrollan conducta de apego hacia el primer objeto en movimiento que ven (madre o inanimado), sin que este les proporcione comida ni recompensa.
Experimentos con mamíferos (Shipley, Scott, Cairns):
Conejos de Indias (Shipley): Reaccionan a modelos móviles de madera, buscándolos y acercándose, incluso sin contacto materno.
Cachorros de perro (Scott y Fisher): Se acercan y siguen a un humano incluso si este no se mueve o no los alimenta. Algunos desarrollaron apego aunque su única experiencia con un humano fuera dolorosa, contradiciendo la idea de recompensa.
Corderos (Cairns): Desarrollaron apego por objetos como un televisor o un perro, sin interacción física ni recompensa. Incluso si el perro maltrataba al cordero, este lo buscaba al ser separado.
Experimentos con monos rhesus (Harlow): Los más concluyentes para Bowlby.
Monos tenían dos "madres" sustitutas: una de alambre que daba alimento y otra de tela suave que no lo hacía.
Los monos pasaron la mayor parte del tiempo con la madre de tela, incluso si el alimento venía de la de alambre.
En situaciones de alarma o miedo, los monos buscaban inmediatamente a la madre de tela para aferrarse a ella, lo que los calmaba y les permitía explorar el entorno.
La madre de alambre no proporcionaba ninguna sensación de tranquilidad y el mono permanecía inmovilizado por el miedo.
Conclusión de Bowlby y Harlow/Zimmermann:
El contacto agradable y suave es la variable fundamental para el desarrollo del apego.
Los resultados demuestran que el apego no es una conducta que se adquiere por aprendizaje o reducción de impulsos, sino que tiene una base biológica innata.
En los humanos, el afecto del bebé se dirige a la figura que le provee seguridad y consuelo, no solo a la que lo alimenta.

7. Winnicott: Objetos y fenómenos transicionales / El juego

Introducción a los Fenómenos Transicionales:
Winnicott introduce el concepto de fenómenos transicionales para describir un área de experiencia intermedia entre la realidad psíquica interior del individuo y la realidad exterior o mundo real.
Este espacio es donde el bebé o niño pequeño vive la primera posesión de "no-yo" y la primera relación con un objeto, un área poco explorada antes.
La Primera Posesión y el Objeto Transicional:
El objeto transicional es el primer objeto "no-yo" que el bebé llega a poseer y que sirve como sustituto de la madre. Pueden ser un pedazo de manta, una muñeca de peluche, etc..
Características de la relación con el objeto:
Derechos del bebé: El bebé adquiere derechos sobre el objeto, aceptados por los adultos. Puede ser acurrucado, mutilado, amado y odiado.
Significado personal: El objeto tiene un significado y una vitalidad propia para el niño; no es una proyección del objeto interno ni es completamente externo.
Tercer espacio: El objeto existe en un área intermedia, donde el bebé es capaz de crear y controlar el objeto. No se le exige al niño diferenciar si el objeto es interno o externo.
El Uso del Objeto y su Desarrollo:
Función del objeto: Sirve para que el bebé se sienta seguro y le ayuda a enfrentar la ansiedad, especialmente la que surge de la separación de la figura materna. A través de él, el niño puede experimentar y tolerar la separación y el desarrollo del yo.
Proceso de desarrollo: El objeto transicional es parte de un proceso de maduración, que depende de un "ambiente facilitador". La habilidad del niño para usar estos objetos (y, en última instancia, al analista) forma parte del paso al principio de realidad.
Fenómenos Transicionales y la Vida Cultural:
Winnicott sostiene que el área de los fenómenos transicionales no se limita a la infancia, sino que es la base de la vida cultural y creativa del individuo.
Espacio de juego: El juego se sitúa en esta zona intermedia. Es un espacio potencial entre el niño y la madre, y está relacionado con la creación y el pensamiento creativo.
Diferencia entre "juego" (game), con reglas, y "jugar" (playing), que es más libre y creativo.
Continuidad: Estos fenómenos, que se dan en un área de infinita variabilidad, se convierten en la base de la vida cultural en la adultez. La capacidad de jugar es esencial para el desarrollo de la experiencia cultural, y su pérdida puede empobrecer la capacidad del individuo para vivir la vida creativa.
Conclusión de Winnicott: El objeto transicional no es un fin en sí mismo, sino la manifestación tangible del espacio transicional. Este espacio es el puente que permite al niño pasar de un estado de fusión con la madre a una relación con el mundo exterior. La capacidad de usar este espacio potencial es un paso crucial en el desarrollo humano.

Winnicott: El juego.

Donald Winnicott sitúa al juego en un lugar central para comprender la constitución psíquica y el proceso de relación con los objetos. Lo que le interesa es la manera en que el niño transita desde una fusión subjetiva inicial con la madre hacia la posibilidad de establecer relaciones de objeto reales. En este recorrido, Winnicott ubica un espacio clave: el de la tercera área o área intermedia de experiencia, que no es completamente interna ni totalmente externa, sino un terreno compartido entre ambas dimensiones.
Este espacio intermedio es posible gracias a la función de la madre suficientemente buena. Al inicio, ella se adapta casi totalmente a las necesidades del niño, permitiéndole vivir la ilusión de omnipotencia: el bebé cree que aquello que necesita aparece mágicamente por obra de su deseo. Con el tiempo, la madre va introduciendo progresivamente la desilusión, separándose gradualmente, extendiendo los tiempos de espera y frustrando al niño de manera dosificada. Gracias a este proceso, el infante puede soportar que la realidad no siempre responda de inmediato a sus deseos y comienza a diferenciar entre lo interno y lo externo.
En este pasaje aparece el objeto transicional, situado en la zona intermedia. Se trata de un objeto (manta, muñeco, peluche) que el niño inviste afectivamente y que lo ayuda a tolerar la ausencia de la madre. Este objeto recibe tanto el amor como la agresividad del niño, y debe poder “soportar” esas proyecciones sin desaparecer. Con el tiempo, el objeto transicional pierde significación, pero constituye una pieza fundamental en la transición de la fusión madre-hijo hacia la constitución de las relaciones objetales.
Winnicott llama a estas experiencias fenómenos transicionales, que son la base del juego. Jugar ocurre siempre en el área intermedia: implica creatividad, ilusión, magia, omnipotencia y, al mismo tiempo, la gradual aceptación de la desilusión. El juego es hacer, no sólo pensar o desear. Supone un despliegue de la subjetividad y de la creatividad, y permite transformar lo vivido pasivamente en una experiencia activa. En el juego, el niño pone en acto tanto lo placentero como lo doloroso, lo lindo y lo feo de su mundo interno.
Winnicott destaca que lo esencial no es el contenido del juego, sino el hecho de jugar en sí mismo. Muchos analistas se concentran en el contenido simbólico, pero lo fundamental es comprender que para que un niño juegue tuvo que atravesar un complejo proceso psíquico de diferenciación respecto de la madre. Además, el juego es un medio de comunicación privilegiado, especialmente porque el niño no dispone aún de la sutileza del lenguaje para expresarse como lo haría un adulto con la asociación libre.
En cuanto a la relación entre juego y pulsión, Winnicott advierte que cuando la excitación pulsional es demasiado intensa, el juego se interrumpe: deja de ser una vía de sublimación y se transforma en descarga. Por eso, entender el juego en sí mismo, más allá de la fantasía desplegada, es crucial: constituye una vía complementaria a la sublimación, pero con valor propio.
Winnicott desarrolla también una teoría del juego como viaje desde lo subjetivo hacia las relaciones objetales, con varias etapas:
En el inicio, el niño y el objeto se encuentran fusionados: no hay juego todavía.
El objeto es repudiado, reaceptado y percibido como externo. Aquí aparece la percepción de objeto, siempre y cuando la madre esté disponible para participar de manera sensible, tomando y devolviendo lo que el niño ofrece. En este proceso, el niño se siente omnipotente: cree convocar mágicamente a la madre, aunque luego aprende a tolerar su ausencia al comprobar que ella vuelve. Esto le da confianza y lo fortalece.
El niño juega estando solo en presencia de alguien. Puede jugar porque sabe que la persona amada está cerca, incluso si no está físicamente presente: se construyó una representación interna de la madre que fue y vino.
Finalmente, se da la superposición de dos zonas de juego: la del niño y la del otro (madre o terapeuta). En ese espacio compartido se construyen experiencias de enorme valor subjetivo.
Winnicott subraya que el juego es universal y natural: constituye un indicador de salud y facilita el crecimiento, el aprendizaje y las relaciones sociales. Incluso en los adultos, el juego aparece en las inflexiones de la voz, el humor, la creatividad. En este sentido, el psicoanálisis mismo puede pensarse como una forma especializada de juego.
La psicoterapia, para Winnicott, se desarrolla en esa zona intermedia donde se superponen dos espacios de juego: el del paciente y el del terapeuta. Allí es posible introducir enriquecimientos y favorecer la creatividad. El objetivo terapéutico es ayudar al paciente a pasar de un estado en el que no puede jugar, a uno en el que se le hace posible hacerlo. Jugar es siempre espontáneo: no surge del acatamiento, sino de la capacidad de sorprenderse a sí mismo.
En suma, para Winnicott el juego tiene un valor en sí mismo: es una actividad creadora que exige espacio y tiempo, donde se despliega la subjetividad, se elaboran experiencias y se afianza la confianza en la realidad externa. El juego no es mero pasatiempo ni simple sublimación; es la condición que hace posible la creatividad, el vínculo con los otros y, en última instancia, la salud psíquica.
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